Los dueños del tiempo

Publicado el por Carmen

1796161w300Y para comenzar a navegar este nuevo año, nada mejor que las palabras de un navegante.
Vamos a compartir con vos fragmentos de un artículo aparecido hace unas semanas en el Diario La Nación.
Se trata de una nota y reportaje a Germán Frers, un destacado y reconocido arquitecto naval de 72 años, que se apropió de su futuro y de su tiempo de una manera tan particular como poética: la búsqueda de horizontes abiertos y mares azules a bordo de su velero “Alguacil”, con el que se consagró campeón en la Copa Rolex.

“Esto es lujo. Tiene que ver con poder estar en paz con uno mismo, saber querer, saber reír. Pero en mi caso, está relacionado con el poder ver lejos. Tanto en el campo como en el agua sucede ese milagro, que no es ni más ni menos que la libertad”, dice el hombre que más sabe de barcos en la Argentina.
Germán es hijo de un dandy que no quiso dar la última materia de la carrera para que no lo llamen ingeniero. “Mi padre fue un idealista, que se destacó en la década del 30 como diseñador y regatista. Hizo un gran trabajo, pero en ese entonces no era fácil trascender. Mi vocación comenzó cuando, de muy chico, escuchaba sus historias de veleros, de mar y de río. Jamás dudé en seguir sus pasos.”

Reproducimos a continuación parte del reportaje (nota Los dueños del tiempo, por Flavio Fernández, para La Nación, 10 de noviembre de 2013).

-¿Qué sucedería si lo condenaran a vivir siempre con los pies sobre la tierra?
-Si fuera un campo, calculo que no tendría problemas. Mi necesidad es un tema de horizonte limpio. Como decía, el poder ver más allá. Necesito espacios grandes. Eso lo relaciono con poder ser libre. Pero claro, al agua la necesito. Hay fotos mías en el moisés cuando tenía un mes de vida. El movimiento que otorga el río o el mar es algo que llevo incorporado y disfruto. Me gusta estar a flote, es algo que inmediatamente me hace sentir bien.
-Un remedio que siempre tiene a mano.
-Algo así. La verdad es que jamás hice terapia y ahora creo que se me pasó el tiempo. Pero el placer que experimento sobre el agua tiene conexión con la sensación de libertad.
-¿Sensación?
-No. Mal dicho. Es la libertad absoluta y real. Cuando uno viaja en avión eso no sucede. En mi caso, simplemente quiero desaparecer hasta llegar. La realidad es que te sentás, querés que el tiempo vuele para aterrizar de una vez. No manejás ni la nave ni el disfrute. No existe el mientras, que es lo más hermoso en un viaje en barco. En el avión no hay comidas viendo amaneceres ni una mesa donde confesar penas o alegrías. Falta la sensación de atravesar el tiempo, de adueñarnos de él.

-¿Cuál es el mar más hermoso del mundo?
-El Mediterráneo. Amo la parte de Turquía y el Egeo. También Cerdeña y alrededores. Adoro esos azules y siento fascinación por el agua salada. Bueno, no soy muy original diciendo esto porque es sabido que son maravillas del mundo. Pero no soy tan exigente. Estando a flote y bien acompañado ya me siento feliz.

-¿En serio no se declara exigente?
-Es una forma de decir. Exigente soy. Muy. Pero intento ir aflojando. Por culpa de tanta exigencia hice algunas cosas mal. Mi padre, en cambio, fue más relajado y con nosotros tuvo una relación fluida, amena, hermosa. Él un día dijo quiero tener mi propio barco y arrancó su historia. Pintaba, era más bohemio, se sentía artista ante todo. No pensaba en el dinero y se dejaba fluir. Yo, en cambio, tuve mis buenos años de workaholic. Trabajé sin pausa, con la tonta idea de calcular los años que me quedaban para hacer esto o lo otro.
-¿Y qué perdió en medio de semejante carrera?
-No haberle dedicado más tiempo a mis hijos. Uno cree que lo hace por ellos, pero es mentira. En el fondo, uno lo hace por uno. Y los chicos sufren. No me lo han dicho nunca, pero a veces advierto que no me conocen del todo. Igual, pienso que todo es reparable. Queda tiempo para cambiar el rumbo. ¡Hay que largarse a hablar! No queda otra.
-¿Cuándo decidió ser el dueño de sus tiempos?
-El cuento no es muy romántico. Creo que el clic se dio después de un rapto exprés que me sucedió hace diez años. Por eso ahora me ven con este reloj de plástico. El último Rolex y bastante más se lo llevaron mientras me decían que iban a matarme, con una pistola en la sien. Esperaba el disparo y pensaba, ¿dolerá mucho? Esa situación me cambió la vida. Me salvé por un amigo, que se movió maravillosamente. Pero ahora no voy a cualquier lado. Me cuido. Y rezo por mis hijos.
-Tuvo varios amores. ¿Está en pareja?
-Hace siete años, con Luisa Miguens, una gran compañera. Muy activa, divertida, ocurrente, fresca. Me parece que en esta etapa, cuando se empieza a pasar la barrera de los 70, es muy importante estar acompañado. Saber querer. Yo tuve mucha suerte. Hice lo que quise, viví de mi vocación porque nada me gusta más que diseñar y crear. Ahora es sólo una cuestión de orden, de decidir los tiempos y organizar. Ya no me interesa correr. Ya no calculo cuánto tiempo me queda. Quiero vivirlo bien, disfrutar el presente.

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