“Modelo A Crecer” nunca es tarde para aprender

Publicado el por Carmen

Cada mes buscamos historias y personajes para compartir en este espacio, ejemplos para ilustrar nuestra manera de ver la calidad vida en general y en particular de la nuestros adultos mayores. Y nunca dejamos de sorprendernos, afortunadamente.
Esta vez llegamos virtualmente hasta Colombia, y nos encontramos con A Crecer, un modelo de alfabetización y educación básica primaria, dirigido a jóvenes y adultos de zonas rurales y urbanas marginales, que “promueve el desarrollo de competencias para la productividad, la ciudadanía y la participación social, mediante la implementación de una propuesta pedagógica que logra dinamizar el aprendizaje de forma participativa y autodirigida”.
“Modelo a Crecer”, comenzó a operar en Colombia en el año 2001, la fecha cuenta con 1.500 participantes en cerca de 20 colegios del Distrito.
En Barranquilla, que es donde nos lleva ahora nuestra historia, funciona desde el mes de octubre de 2012.
“El programa es totalmente gratuito y funciona en los sectores más vulnerables de la ciudad y la mayoría de participantes son adultos mayores, tenemos uno que tiene 85 años. El 40% de los estudiantes son mayores de 50 años”, aseguró Eduardo De la Hoz, coordinador del operador en esta ciudad.
Y la mejor manera de ver su funcionamiento es conocer a algunos de sus valientes protagonistas.
Aydé María Jiménez es una de los afortunados barranquilleros que hoy tienen acceso a una nueva oportunidad de formarse. Es una mujer de 60 años, que trajo a este mundo 10 hijos.
Su vida ha trascurrido en el rebusque de la calle, el regateo de los precios del pescado y el suero que ofrece caminándose de pretil a pretil los recovecos de los sectores circundantes al suyo.
Cada día, a las 6 de la tarde, Aydé se ubica entre sus 25 compañeros del salón de clases del Colegio Luis Carlos Galán Sarmiento, del barrio La Luz.
“Yo no sabía nada de nada, ahora es que estoy medio aprendiendo, es que mis padres eran muy pobres y nunca me pusieron a estudiar. A mí me dijeron unos vecinos y me animé a venir porque quiero aprender”, dice Aydé.

El licenciado Gumersindo Márquez es uno de los profesionales que integran el equipo de 12 profesionales de esta institución, que ceden su tiempo para ayudar a formar a todas las personas interesadas en capacitarse y de esta manera robarle terreno al analfabetismo. Y como en el amor, si existe el deseo y si el impulso y la motivación están intactos, nunca es tarde para aprender.

El modelo se socializa con los diferentes rectores de las instituciones y estos a su vez le transmiten a su personal de planta para que se animen a integrar el programa. Los docentes buscan de casa en casa a los posibles estudiantes a través de charlas motivacionales.
“A nosotros nos dijo el rector y nos tocó ir por el barrio a buscar la gente y convencerlos. Muchos de ellos llegan iletrados al primer ciclo donde cursan los grados primero, segundo y tercero, en el ciclo dos ven cuarto y quinto de primaria y la idea es que en algún momento se pueda ampliar hasta la básica secundaria”, explicó Gumersindo, que cuenta con la total simpatía de sus 25 alumnos.

Otro de sus alumnos es Francisco Corena Guerrero, de 71 años, quien a los 13 años la necesidad lo empujó a abandonar los estudios en tercero de primaria.
Francisco tiene 5 hijos, 4 de los cuales son profesionales. Él tuvo la fuerza y la voluntad de brindarles la posibilidad de formarse y hoy busca una oportunidad para él mismo.
“La verdad es que yo quiero aprender para ser alguien en la vida”, dice.
Otra de las estudiantes, Isabel Barrios, tiene 69 años, una hija que crió con gran esfuerzo trabajando en oficios varios en algunas casas particulares, y en su bolso no solo carga con los útiles escolares, también lleva un cúmulo de sueños a los que viene enfrentando paso a paso y con determinación.
“Este fue el primer paso porque yo quiero validar después el bachillerato y si están las fuerzas y Dios me lo permite estudiar una carrera. Yo siempre quise estudiar Psicología para ayudar a las personas con problemas y aconsejarlos y motivar al que lo necesite para que estudie y se prepare. Nunca es tarde para aprender”, señaló.
El profesor Gumersinado señala con orgullo: “Ellos están en el ciclo 2 en el módulo 4, y bueno, la verdad es que es bonito verlos a todos con ganas de superarse. El objetivo es formar personas productivas y participativas que influyan dentro de su comunidad, que sean propositivos. Uno de los objetivos del modelo es intentar acabar el nivel de analfabetismo en el país”.
Nos quedamos con la imagen de estos 25 alumnos del profesor Gumersindo, este grupo heterogéneo que tienen en común por lo menos dos cosas: el hecho de que les ha tocado enfrentar una vida sin privilegios, y la voluntad para superarse más allá de la edad.
Porque nunca es tarde para aprender, ni mucho menos para ir más allá de los límites impuestos y buscar la vida más plena.
Te dejamos por ahora con en esta frase del profesor de física y científico alemán Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799):
“Nada nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos”.

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